Guía del otoño: alimentos, hábitos y Medicina Tradicional China

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El otoño inaugura el descenso de la energía y el viaje hacia el interior. Es el merecido descanso que precede al nuevo ciclo de energía que empezará en primavera. En esta guía del otoño encontrarás todas las claves para adaptarte de forma saludable al cambio de estación: alimentos indicados para el otoño, hábitos saludables y lo que indica la Medicina Tradicional China sobre el Metal, el elemento que predomina en otoño.

Astronómicamente, en el hemisferio norte comienza el 22-23 de septiembre y finaliza el 21 de diciembre. Sin embargo, diferentes culturas tienen diferentes divisiones de la rueda del año. Por ejemplo, la Medicina Tradicional China, que incluye una quinta estación, el verano tardío, sitúa el inicio del otoño a mediados de octubre.

Cada estación tiene su propia energía particular relacionada con los ciclos de la naturaleza: nacimiento, transformación y muerte. Por nosotros también pasan ciclos como estos, día a día con el amanecer y el anochecer, mensualmente con las fases lunares, y cada año con el cambio estacional. Si aprovechamos la energía de los ciclos naturales como la luna y las estaciones, podremos apoyarnos en ella y usarla para nuestro propio proceso cíclico.

Al llegar el otoño los días se van acortando paulatinamente y vamos teniendo menos horas de luz, lo que significa que nuestro cuerpo se adapta disminuyendo su energía, lo que en ocasiones se experimenta como un grado mayor o menor de astenia (cansancio, apatía, falta de sueño, falta de concentración…), pero esta no suele durar más de una o dos semanas, hasta que nos acostumbramos al cambio. Como en cada cambio de estación, lo mejor siempre es adelantarse y empezar a introducir los hábitos y alimentos más apropiados para la nueva estación, para que así la transición nos sea sencilla y agradable.

En esta guía encontrarás mis consejos para facilitarte la entrada en el otoño. Espero que encuentres algo para ti y que la disfrutes.

El otoño según la Medicina Tradicional China

Antes de empezar con las recomendaciones de hábitos y alimentos, quiero darte unas pinceladas sobre la manera en que la Medicina Tradicional China contempla el otoño. Esta tradición nos aporta una concepción cíclica de la vida y de la energía, que tiene un gran poder descriptivo para ayudarnos a entender cómo también nosotros nos vemos influidos por la naturaleza.

Desde la Medicina Tradicional China, en el otoño rige el elemento Metal, relacionado con la energía descendente y hacia el interior.

El elemento Metal refleja la parte central y más refinada de nosotros mismos, como el mineral que se encuentra en las profundidades de una montaña. Aquello que está en nuestro centro trata con la realidad existencial, con preguntas como, «¿Quién soy yo?» o «¿Cuál es mi propósito de vida?».

Durante el otoño, muchas ocasiones nos vemos llamados a lidiar con estas cuestiones. Este es uno de los motivos por los que aparece la tristeza. Cuando la emoción propia del Metal (tristeza) se desequilibra, la persona se aísla y se defiende del placer, del vínculo y del dolor de la pérdida. Dispone su vida con el propósito de evitar el riesgo y los caprichos de la pasión. En su afán por protegerse, puede mantenerse demasiado apartada e inaccesible a la verdadera intimidad. Es agradable pero fría. Su vida está diseñada para mantener los sentimientos en el interior. Se muestra tensa, educada, escrupulosamente compuesta. Sin el orden estricto de su vida cotidiana, esta persona se vuelve completamente vulnerable y amenazada. Lo suyo es el exceso de control. Evita la excitación y los sentimientos.

Una persona afectada por estos estados de ánimo necesita más luz, y no solo luz natural, sino también una dieta rica en alimentos vitales y colores cálidos. No permanecer mucho tiempo en espacios cerrados, con poca ventilación y luz artificial, es otra premisa importante: el cerebro necesita luz de igual manera que la necesitan las plantas.

El otoño nos recuerda que la flexibilidad y la adaptabilidad son cruciales para mantenernos equilibrados durante los meses de invierno. Nos prepararemos para los desafíos del invierno completando proyectos, limpiando el desorden interno o externo, acumulando alimentos y lo que podamos necesitar y asegurándonos de estar física y emocionalmente preparados para los meses fríos y oscuros que se avecinan.

El otoño también rige unos órganos determinados, que en esta época podrían verse más resentidos. Estos son los Pulmones y el Intestino Grueso.

Los Pulmones gobiernan la energía defensiva (Wei Qi), que circula por debajo de la piel y representa la primera línea de defensa del organismo, la frontera entre la propia individualidad y el exterior. Son los órganos más vulnerables a ser atacados por factores patógenos externos, tanto físicos como psíquicos. Gobiernan la respiración, pero no solo la propiamente dicha, sino también la respiración de cada célula de nuestro cuerpo, que nos aporta la energía vital, la fuerza básica de la vida. Los Pulmones equilibran la capacidad de ceder y exigir, dar y recibir, aferrarse y dejar ir.

El Intestino Grueso nos da la capacidad de discernir entre lo que nos sirve y lo que no y, por tanto, hay que eliminar. Es responsable de hacer distinciones entre elementos inofensivos y dañinos, y discrimina entre los nutrientes que el cuerpo necesita y los que debe eliminar. El síndrome del intestino irritable, el estreñimiento, la flatulencia y el dolor abdominal, reflejan problemas con la función del intestino grueso.

Conocer estas propiedades del elemento Metal y de la energía del otoño nos proporciona una guía sobre los alimentos más adecuados y también los hábitos más adaptativos.

Alimentos del otoño

El Metal se equilibra con alimentos de energía concentrada, propia del otoño (raíces). En esta estación, se recomiendan los alimentos de energía neutra y templada, insistiendo en los vegetales de color blanco (ajo, cebolla, nabo, jengibre, pera…) y en las semillas oleaginosas.

  • cereales: arroz, cebada, avena, arroz glutinoso
  • semillas oleaginosas: pipas de girasol, calabaza, almendras, castañas, nueces
  • vegetales (pequeños vegetales, contraídos y en especial los blancos): coles de bruselas, brócoli, romescu, coliflor, cebolla, nabo, hinojo, patata pequeña
  • legumbres: soja, azukis, lentejas, garbanzos…
  • algas
  • limitar los lácteos (y a ser posible magros); en exceso pueden producir flema
  • carnes magras con moderación: pollo, ternera, pavo (a ser posible ecológicas)
  • frutas de otoño: mandarina, manzana, naranja, pomelo, chirimoya, membrillo
  • hierbas y plantas aromáticas: tomillo, romero, salvia
  • cocciones más largas, con más fuego y más presión: guisados, estofados, plancha, algún horneado, sopas, hervidos…
  • evitar los alimentos de energía fría y vigilar los frescos

La energía del Metal se estimula con el color blanco y el sabor picante, que podemos encontrar en guindillas, jengibre, nabos y rábanos, ajos, cebollas y cayena. Los picantes producen una sensación inmediata de ardor y sed. Calientan el cuerpo, estimulan el movimiento y la salida de fluidos. El sudor, la saliva, las lágrimas, el moco y la sangre empiezan a correr cuando se presenta el sabor picante. También se estimula la salida de líquidos digestivos, por lo que potencian la digestión. Tomar una infusión de jengibre antes de las comidas facilita la digestión incluso en los estómagos más delicados. Además, el picante es desincrustante, abre los tejidos y los limpia. Es muy útil en casos de bronquitis, asma y secreciones sebáceas en la piel. Consumido en exceso, el picante se convierte en dolor e irritación.

La tristeza, la emoción propia del otoño, suele traer consigo una necesidad de alimentos que aporten una recompensa rápida; es decir, ricos en azúcares; es una cuestión de bioquímica cerebral relacionada especialmente con los niveles de serotonina. En lugar de alimentos ricos en azucares refinados (que provocan hipoglucemia) conviene tomar alimentos ricos en triptófano, vitamina B y omega-3.

Alimentos ricos en triptófano (precursor de la serotonina), que pueden considerarse de acción antidepresiva natural, sin los efectos colaterales del azúcar. Las mejores fuentes son el plátano, la lechuga, la piña, los dátiles, los cacahuetes, semillas de sésamo, girasol y calabaza.

Alimentos ricos en Vitamina B, ya que participan en la producción de serotonina (particularmente B6 o piridina): aguacates, legumbres, semillas, cereales integrales, frutos secos, jalea real, germen de trigo, levadura de cerveza, tofu, frutas y verduras.

Alimentos ricos en ácidos grasos omega 3: algas, lino, chía, cáñamo, nueces, y en aceites de primera prensión de semillas y frutos secos (aún más concentración). En cuanto a fuentes animales de omega-3, podemos encontrarlo en los pescados azules y grasos y en el marisco.

También la tristeza nos pide luz, por lo que nos vendrá bien alimentarnos directamente del sol, que es la mejor fuente de vitamina D. Con veinte minutos diarios de sol tendremos más que suficiente de esta vitamina. Si vivimos en una zona en la que el sol en otoño empieza a escasear, podemos tomar suplementos de esta vitamina. En este caso, tomaremos 2000 IU de vitamina D diariamente y con la comida principal del día.

Los alimentos más recomendados también son los que han recibido buena luz solar para su crecimiento, o los que contienen fuerza vital, como los germinados. También los que por ser crudos conservan sus enzimas vivas, o los que tienen colores que infunden energía, como el amarillo, el naranja y el rojo. Así pues, ¡a disfrutar de mangos, naranjas, melocotones, pomelos, zanahorias, calabazas y pimientos!

Hábitos saludables para el otoño

En otoño entramos en una época de introspección y de descanso, de preparación para retomar la acción después del invierno. No podemos pretender que nuestra energía sea la misma en otoño que en verano, pues somos seres de la naturaleza y nos vemos influidos por sus ciclos igual que cualquier otro animal, pero sí podemos adaptarnos para llevar este cambio de la mejor manera posible.

La naturaleza es sabia, y se ha programado con unos ciclos que benefician a la vida. Aunque en nuestra sociedad actual primen la productividad y la energía creativa, estas no serían posibles sin un descanso adecuado y una introspección que nos permita dirigir nuestra energía en la dirección correcta. Es por eso que existen las estaciones del otoño y el invierno: para reposar, centrarnos, calmar la mente y reflexionar sobre lo que queremos en nuestra vida y lo que ya no necesitamos y que, por tanto, debemos soltar para dejar espacio a lo nuevo.

Para adaptarnos al otoño lo mejor es cuidarnos con una buena alimentación, descanso, ejercicios corporales moderados y haciendo actividades que nos resulten placenteras. En definitiva, mimándonos mucho.

  • Bebe agua, infusiones y licuados en abundancia. Con la llegada del frío empiezan a apetecernos bebidas más calientes: las infusiones y los tés serán nuestros mejores aliados. Si nos apetece tomar fruta en forma líquida lo mejor son los licuados, ya que los zumos no tienen fibra y por tanto perdemos una buena parte de lo que hace a las frutas tan saludables.
  • Duerme al menos 8 horas y trata de llevar un horario más o menos fijo cuando te acuestes y te levantes, para combatir el cansancio.
  • Haz estiramientos todos los días rotando manos, pies, rodillas y cuello. Esto te dará energía para encarar el día. Al despertar, para empezar con energía, podemos empezar una rutina de ejercicio suave para desentumecernos; y al dormir, para relajarnos y dar por concluido el día. Solo tendremos que rotar cada vez una parte del cuerpo: manos, cadera, rodillas, pies, cabeza… Rotar y mover muy lentamente, como si estuvieras bajo el agua, las distintas partes del cuerpo un par de minutos cada una. Después bebemos un vaso de agua.
  • Intenta hacer ejercicio moderado diariamente, aunque sea andar una media hora: liberarás endorfinas y mejorarás tu humor.
  • Pásate un guante de crin por la piel todas las mañanas. Te ayudará a tonificar y activar tu circulación, aportándote más energía.
  • Medita y ten espacios para ti, esto te ayudará a centrar la mente y aumentar tu concentración, y facilitará la reflexión propia del otoño.
  • Haz unos días de desintoxicación a base de frutas de temporada, licuados y caldos, para eliminar toxinas y prevenir enfermedades, malestares y cansancio.
  • Limpia a fondo tu casa, libera los armarios de cosas que ya no utilizas, ordena la cocina y selecciona los alimentos. También esto forma parte del proceso depurativo.
  • Haz una lista de objetivos para este primer trimestre. Evita abrumarte: recuerda que los nuevos hábitos se forman poco a poco. Como metas puedes considerar mejorar tu alimentación, perder un poco de peso, hacer alguna actividad que te guste, leer un par de libros, quedar más con la gente a la que quieres, apuntarte a algún taller, aprender a decir no…
  • Come de forma saludable y con los alimentos que te proporciona el otoño: setas, higos, calabazas, castañas, moras y frutos del bosque, frutos secos, chocolate negro puro, coliflor, col lombarda, hinojo, boniato, granada, aguacates…

Conocer los ritmos naturales nos permite reconocer que no siempre somos la misma persona. Es decir, lo que nos venía bien en verano, puede no venirnos bien en otoño, y fluir con ello en lugar de resistirnos al cambio es fundamental para nuestro bienestar. Puede que en verano seamos personas muy activas y con ganas de salir y conocer gente, y que con el otoño hayamos perdido estas ganas; en lugar de preocuparnos o forzarnos a seguir igual, aceptamos el nuevo ritmo y aprovechamos todo lo bueno que puede traernos. En el caso del otoño, para muchas personas, significa recogimiento, reflexión y replantearse el rumbo vital.

Esta comprensión de nuestra naturaleza estacional nos flexibiliza y nos permite relajarnos en el fluir de las estaciones y de nuestros estados anímicos. En lugar de ir contra la naturaleza, vamos junto con ella. Hay ocasiones en que conviene nadar contracorriente, pero hemos de reconocer que ir contracorriente es muy cansado: dejémonos llevar por las estaciones y encontraremos en ellas una fuente de energía poderosa y sanadora.

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