Revisión de tu propósito vital: 10 preguntas para inspirarte

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El propósito vital es uno de los temas que tratamos en la formación de NEAC y también a menudo en consulta, y es un tema rico, complejo y potencialmente transformador. Es difícil exponer todo lo que puede decirse de él en un artículo, en primer lugar porque no se puede hablar del propósito sin tratar íntimamente con la persona, sus circunstancias, sus valores y sus aspiraciones; sin embargo, me gustaría exponer algunas ideas y claves que a mí me han servido y que espero que puedan también inspirar a otras personas.

En este artículo vamos a explorar por qué el propósito vital es algo que nos concierne a todos y que podemos desarrollar en cualquier momento de nuestra vida, sea cual sea nuestra situación vital; veremos también la relación entre los dones y los ideales de la persona y el propósito vital y una serie de preguntas para reflexionar sobre tu propósito; por qué los proyectos no son propósitos y la metáfora del Sol alrededor del cual se organiza nuestra vida; la relación que hay entre el trabajo y el propósito y qué plantearnos si nuestro propósito no da dinero; y por último el vínculo entre la autoestima y el propósito vital.

Espero que te resulte de interés y extraigas algo útil para ti en este momento.

El propósito vital es para todo el mundo

Lo primero en lo que me gustaría hacer hincapié es que el propósito vital no es solo para las personas que “ya lo tienen todo”, para los privilegiados.

El propósito no es algo de lo que solo te ocupas cuando tienes la “vida hecha”, desaparecen tus problemas, tienes tiempo, dinero, seguridad, salud… aunque, desde luego, para muchas personas empieza a manifestarse el deseo de actuar en el mundo cuando tienen estas cuestiones resueltas.

Para algunas personas, la cuestión del propósito suele darse en forma de crisis vital.

Llegamos a cierta edad y nos damos cuenta de que, aunque tenemos todo lo que la sociedad dice que debería darnos la felicidad (posesiones materiales, experiencias, relaciones…), seguimos sintiéndonos inquietos, ansiosos, incómodos, como si no acabáramos de encontrar nuestro lugar en el mundo. Esto puede ser un síntoma de que no hemos descubierto nuestro propósito vital ni actuado sobre él.

La famosa pirámide de Maslow (1946) establece que existen una jerarquía de necesidades humanas. En la base están las necesidades fisiológicas (comida, descanso, alimento); después, la seguridad (económica, de salud, de familia…); las necesidades de vínculos sociales (amistad, pareja…); las de reconocimiento (respeto, éxito); y, en el último escalafón, las de autorrealización, donde encajaría el propósito vital.

Según este modelo, necesitamos tener cubiertas las necesidades de los escalafones inferiores para poder progresar a los siguientes. Sin embargo, esta teoría ha sido criticada y matizada por muchos expertos.

En Maslow reconsidered (1976) se hizo una revisión extensa de este modelo y se encontró que no había suficiente evidencia para determinar que este orden fuera así ni que existiese jerarquía alguna. Otros modelos, como el de Desarrollo a escala humana (1986), argumentan que las necesidades son finitas, clasificables y universales: subsistencia, protección, afecto, comprensión, participación, creación, recreo, identidad y libertad.

En una entrevista de Charles Eisenstein con Claudio Miranda, músico y activista procedente de una famosa favela brasileña, Claudio cuenta cómo la sociedad de las favelas no funciona según esta jerarquía de Maslow. Aunque los habitantes de estas comunidades no tienen muchas de las necesidades más básicas cubiertas (seguridad, alimento, etc.) y viven al día, para ellos es esencial aprovechar los dones y talentos de cada miembro de la comunidad; no es algo secundario de lo que ocuparse cuando todo lo demás esté resuelto.

En su favela, la Favela da Paz, hay cientos de miles de proyectos y cada persona está activa desarrollando su propósito vital, ofreciendo a su comunidad lo que se le da mejor. La autorrealización está íntimamente ligada con su supervivencia.

Menciono esto para recalcar que el propósito vital no es solo para algunos pocos privilegiados ni algo de lo que ocuparse cuando tengamos todo lo demás resuelto. El desarrollo del propósito es una necesidad humana básica, que tiene que ver con la creatividad, la identidad y la participación activa y significativa en nuestra comunidad.

¿Cómo descubro mi propósito vital?

Para algunas personas, el propósito vital se “descubre”, como si fuera un tesoro escondido que había estado ahí todo el tiempo, oculto a la vista, quizá desde el momento en que nacieron. Para otras, el propósito vital es algo que se “define”, una decisión que se toma en un momento dado respecto a cómo quieren vivir su vida.

Sea cual sea el caso para ti, me gustaría compartir contigo algunas ideas esenciales sobre el propósito y algunas preguntas que puedes hacerte para reflexionar sobre él y concretarlo mejor.

El propósito vital tiene que ver con tus dones y talentos, las potencialidades que hay en ti, desarrolladas o no. Esos dones y talentos suelen estar muy relacionados con aquello que te apasiona, o que te apasionaba de niño o joven. Con la edad y la influencia familiar y social, muchas de estas pasiones se diluyen o se quedan arrinconadas porque, aun con la mejor de las intenciones, nos intentan encaminar hacia una vida laboral dentro de lo que se considera normal y estable.

Lo que se te da (o daba bien de pequeño o joven) y disfrutas haciendo seguramente tenga algo que ver con tu propósito vital.

El propósito vital también está relacionado con tus ideales y valores, los principios que son modelos a seguir para ti: justicia, verdad, ecuanimidad, compasión, valentía, libertad, tolerancia… Estos ideales no suelen explorarse ni desarrollarse en el ámbito familiar o educativo (aunque esto está empezando a cambiar), lo que hace que muchas personas desconozcamos cuáles son nuestros valores y, por tanto, nos cueste saber a qué cosas dar prioridad, qué proyectos están más cerca de nuestro corazón y cuáles son más secundarios.

Los ideales y valores pueden parecer algo demasiado abstracto, pero en la práctica podemos descubrir cuáles son los más importantes para nosotros si nos preguntamos qué tipo de causas nos mueven más, con qué colectivos simpatizamos, qué problemas en el mundo nos conmueven, etc.

Busca en tu historia personal aquellas causas que te inspiran, los problemas que te movilizan a actuar (aunque no hayas actuado sobre ellos). Esto te dará la clave de qué valores son más importantes para ti.

Diez preguntas para definir el propósito vital

Descubrir o definir el propósito vital requiere de observación interna y honestidad. Tiene el potencial de cambiar muchas cosas de cómo percibimos nuestra vida y de hacernos reconsiderar su rumbo, lo que para la mayoría de nosotros supone un reto.

Las siguientes preguntas te las ofrezco para que reflexiones sobre ellas profundamente. Te recomiendo, además, que visites tus respuestas de vez en cuando, para recordar lo que dijiste meses o años atrás y para recalibrar. El propósito vital no es algo rígido e inmutable, sino que cambia junto con nosotros.

1. ¿Qué quería ser de pequeño/a?

Lo que nos apasionaba y admirábamos de pequeños a menudo habla de las potencialidades que teníamos a esa edad, que puede que hayamos desarrollado más adelante o no. Una niña que quería ser científica puede tener una mente analítica brillante para resolver problemas, ¿qué tipos de problemas podría resolver ahora como adulta? Un niño que quisiera ser astronauta puede indicarnos un temprano amor a los misterios de la vida o desear una vida de acción que puede que no estemos viviendo.

No se trata de buscar la respuesta fácil (”Si lo quería de pequeño, es mi vocación”), porque ya sabemos lo rápido que cambian de opinión los niños y lo maleables que son a las influencias externas. Es más bien las cualidades profundas de esas profesiones que capturaban la imaginación del niño las que pueden ayudarnos a capturar nuestra imaginación ahora, las que hablan de las potencialidades que tenemos por desarrollar.

2. ¿Cuál es mi pasión? ¿Qué disfruto haciendo como un/a niño/a?

Piensa en todas aquellas cosas en las que puedas sumergirte y perder la noción del tiempo, aquello que te haga sentir bien antes, durante y después, lo que te hace volver a un disfrute inocente, infantil, de la vida.

Pueden ser actividades del día a día como escuchar música, cocinar, dar un paseo, charlar con los amigos… o actividades comúnmente llamadas vocacionales como escribir, pintar, enseñar. Incluye tantas como se te ocurran. Incluso ordenar la casa es válido (después de todo tenemos el ejemplo de Marie Kondo, que se ha creado una fortuna poniendo orden en las casas de los demás).

Cualquier cosa es válida y está vacía de juicio: no nos detenemos aquí a considerar si la actividad puede volverse lucrativa o convertirse en un propósito vital. Esta reflexión vendrá después.

3. ¿Qué cosas puedo hacer de forma excelente?

Discurre aquí una nueva lista de todo aquello que se te da muy bien hacer, relacionado o no con las pasiones que has citado anteriormente.

Puede ayudarte observar qué es lo que a ti se te da mejor que a los demás, pues a menudo nuestras propias habilidades solo son evidentes en comparación con el “estándar”, la habilidad de los demás en ese mismo campo. A lo mejor eres un excelente orador y las personas se quedan embobadas escuchándote, pero para ti hablar es tan natural como respirar.

Para esta pregunta y para la que la sigue es interesante contar con las opiniones de los demás, porque muchas veces infravaloramos nuestras capacidades al haberse convertido en algo natural para nosotros. Lo que se nos da muy bien requiere poco esfuerzo por nuestra parte, salvo que estemos constantemente intentando superarnos y, por tanto, sacándonos fuera de la zona de confort (esto es además clave para ser verdaderamente extraordinarios en aquello que hacemos), pero los demás te podrán decir el esfuerzo que les supone a ellos hacer algo que tú tienes interiorizado y te resulta sencillo.

4. ¿Qué podría hacer sin que me pagaran por ello?

Esto nos descubre qué valoramos intrínsecamente, en sí mismo, y no por el beneficio económico. Aquello que hacemos por el placer de hacerlo, las causas a las que contribuiríamos de forma voluntaria si no tuviéramos que preocuparnos por ganar dinero… todo ello es un gran indicador de nuestra pasión y probablemente de lo que se nos dará bien hacer.

Esto no significa que esté mal cobrar por lo que hacemos o incluso llegar a ganar mucho dinero con ello, sino que nuestra prioridad no es el dinero en sí mismo sino el servicio que ofrecemos.

Paradójicamente, cuanto más nos centremos en acumular dinero, más probable es que no nos vaya bien a largo plazo; en cambio, cuanto más claro esté nuestro enfoque en servir a los demás y ofrecer lo que hacemos de forma excelente, más probable es que tengamos abundancia, no solo a nivel económico, sino también en todos los aspectos de nuestra vida.

5. ¿Qué despierta mi curiosidad y deseo de saber más? ¿Sobre qué podría dar una charla o conferencia?

Si eliminamos de la ecuación el miedo a hablar en público y la timidez, todos nosotros tenemos algo sobre lo que podríamos hablar largamente y apasionar a los demás, contagiándoles de nuestra propia pasión. ¿Qué sería eso para ti?

No se trata de que nos convirtamos en conferenciantes, pero sí de que reconozcamos todas aquellas cosas que nos apasionan, que nos invitan a seguir descubriendo e investigando, pues en ellas hay pistas importantes sobre nuestro propósito vital.

Si el tema en cuestión es algo que te ha acompañado durante mucho tiempo (aunque tal vez variando de forma o ramificándose), hay más probabilidades de que puedas dedicarte a ello con pasión durante toda la vida.

Pero si no tienes algo así o si lo que te apasiona es más reciente y no sabes lo que puede durar, no te preocupes. Prueba, experimenta, atrévete a arriesgarte un poco, y sobre todo recuerda que el propósito no siempre se manifiesta como una vocación concreta y bien delimitada (ej. médico, pintor, electricista…), sino que sus manifestaciones son tan variadas como personas hay en el mundo. Si eres una de esas personas eclécticas y con muchos intereses, plantéate de qué manera podrías conjugarlos todos (o muchos de ellos) para crear algo único e irrepetible.

6. ¿En qué soy único/a en mi entorno?

Esta pregunta está relacionada con la anterior, pero distingue específicamente lo que a mí se me da muy bien y a nadie más, o aquello que hago de forma distinta al resto. Puedes citar varias habilidades, actitudes, maneras de actuar o ver la vida, rasgos de personalidad o carácter… Somos únicos en muchas más cosas de las que pensamos, así que revísate con detenimiento y seguro que encontrarás muchas respuestas. Y si no, recuerda pedirle a los demás su opinión: seguro que te sorprenderá.

7. ¿Qué aporto a los demás con lo que hago?

Para que nuestro propósito vital pueda servir al mundo es necesario que nos preguntemos qué valor aportamos con lo que hacemos: qué problema solucionamos, de qué manera lo solucionamos, qué aportamos para hacer el mundo más bello, más consciente o más de aquello que a nosotros nos importa mucho.

Si pienso que con mi trabajo no aporto nada a los demás, tal vez el problema no esté en mi trabajo, sino en lo que pienso de mi trabajo. O quizá no sea mi trabajo actual con el que tengo problemas sino la idea que tengo de mi trabajo ideal: si creo que por desarrollar mi propósito o mi trabajo ideal no voy a servir a nadie, puede deberse a que en efecto tenga que desarrollar mejor mi propósito o puede que esté infravalorando lo que puedo aportar al mundo. Este es un ejercicio tanto de re-visión interior como de reflexión respecto al mundo en el que vivimos, y a menudo la respuesta pasa por un equilibrio entre el cielo y la tierra, el idealismo y el realismo.

Por ejemplo, a menudo preocupa a muchos artistas cómo puede su arte servir a alguien en un mundo como el que vivimos. Se olvidan de que la cultura es el pináculo de la experiencia humana y de que el arte les ha transformado también a ellos, a todos nosotros: es valiosísimo. No obstante, todos sabemos que nuestra sociedad no suele primar la creación artística y prefiere las ingenierías y las ciencias. Si nuestras circunstancias nos obligan a conjugar el trabajo con el propósito, es útil plantearnos de qué manera podemos desarrollar un propósito artístico que también nos dé dinero, o cómo podemos compaginar ese propósito artístico con otro de otro tipo, pero también un propósito valioso y que nos apasione.

8. ¿Qué carencias y defectos creo que tengo?

Esta es una pregunta incómoda pero fundamental, y la raíz de una conciencia realista y nítida de quién soy. Esta pregunta nos vincula también a los demás, porque nos pide que abandonemos el individualismo y busquemos la ayuda de los otros.

Si sé cuáles son mis carencias y defectos, puedo rodearme de gente que me ayude a trabajarlos para que sean menos grandes o para que impacten menos en mi trabajo (eliminarnos completamente es una tarea titánica que no está al alcance del ser humano corriente). Puedo complementarme con personas que aporten a mi proyecto sus propias capacidades allí donde yo flaqueo: personas metódicas y analíticas si mi cabeza está en las nubes o personas de pensamiento lateral si yo soy muy vertical.

¿Por qué «carencias y defectos que creo que tengo» en esta pregunta en concreto? ¿Por qué ponemos en duda lo que creemos? En realidad, en esta re-visión lo ponemos todo en duda, todo es susceptible de ser revisado a conciencia; sin embargo, con los defectos ocurre que somos especialmente ciegos. Nos asusta asomarnos a nuestra oscuridad, cuando en muchas ocasiones lo único que revela nuestra oscuridad es la amplitud de nuestra figura.

9. ¿Cómo puedo desarrollar mi propósito y ganar dinero?

Después de revisar y reflexionar sobre tus respuestas, el siguiente paso es transformar la intuición sobre tu propósito en algo que pueda generar riqueza material. Piensa al menos tres formas de sacar provecho económico de esas cosas que disfrutas enormemente y que se te dan de forma excelente. Cuando ya las tengas, recluta la ayuda de los demás para validar estas ideas, añadir nuevas o encontrar posibles obstáculos.

En NEAC trabajamos a menudo con nuestro propósito a nivel económico-laboral por dos motivos: porque en el sistema en el que vivimos el trabajo es para la mayoría de nosotros el lugar donde empleamos más a fondo nuestras aptitudes y al que dedicamos más tiempo, y porque el dinero es una herramienta que nos permite multiplicar los frutos de nuestro trabajo (podemos crear empresas y contratar a más personas y por tanto llegar a más gente o donarlo a las causas que nos importan).

Aunque tu propósito no tenga una retribución monetaria evidente (por ejemplo, si tu propósito es criar de forma consciente a tus hijos), te sugiero de todas formas que pruebes a responder a esta pregunta.

Pensar en de qué maneras puedes servir a la gente con tu propósito te ayuda también a pensar de manera global y generosa: ¿qué valor puedo aportar al mundo con lo que hago, de forma que lo que hago no sea solo para mí o los míos?

10. ¿A qué estaría dispuesto/a a renunciar por mi propósito?

Hay muchas cosas que se nos daría bien hacer, pero no son tantas aquellas por las que nos entregaríamos completamente. Son esas últimas las que nos interesan de verdad.

Si encuentras aquello que podrías hacer aunque ganases poco dinero, no tuvieras la estima de los que te rodean, estatus social u otras recompensas a las que das valor, seguramente hayas dado con aquello que llamamos propósito vital.

Esto no significa que si perseguimos nuestro propósito vamos a perder dinero, sufrir incomodidades (pequeñas o grandes) o ser repudiados por la sociedad, sino que estaríamos dispuestos a todo eso porque lo contrario sería ir en contra de algo aún más importante para nosotros. El sacrificio nos sería relativamente fácil, la elección más obvia.

Por ejemplo, para un reportero, sacar a la luz la verdad de un asunto turbio, aun poniendo su vida en juego, es más importante que su seguridad. Para una persona muy implicada con el medio ambiente, encadenarse a un árbol en un bosque que van a talar y dejar que la arresten es más importante que tener unos antecedentes limpios. Para un médico o para un terapeuta, atender a un paciente que realmente lo necesita es más importante que el dinero, si la persona no tiene recursos.

El propósito vital es el Sol de mi sistema solar interior

El propósito vital a menudo se confunde con un proyecto.

Un proyecto es algo que planeamos, iniciamos y tiene un principio y un final (aunque no estemos vivos para ver su final). Es algo que puede tener éxito o fracasar, y su éxito o fracaso no depende enteramente de nosotros, porque hay muchísimos factores en juego. Por tanto, nuestra felicidad no puede depender de un proyecto, ni siquiera de dos o tres.

Los proyectos en los que nos embarcamos son, en el mejor de los casos, la manifestación tangible de nuestro propósito vital. Están alineados con nuestros valores, los ideales por los que regimos nuestra vida, y con nuestros dones y talentos.

En nuestra sociedad actual, muchos desconocemos nuestros valores porque no nos hemos parado a pensar en ellos. Puede que de manera inconsciente hayamos elegido proyectos que estén alineados con esos valores no expresados, o puede que hayamos dedicado nuestro tiempo a lo que en ese momento parecía mejor o necesitábamos hacer para ganar dinero.*

Una metáfora que me gusta mucho es que nuestro propósito vital debe ser como el Sol en el centro de nuestro sistema solar.

El Sol es aquello que ordena todo lo demás, alrededor de lo cual gira la vida (los planetas, satélites, etc.). Sin él, el sistema perdería su centro gravitatorio y cada objeto iría por su lado, flotando sin rumbo por el enorme vacío o incluso uniéndose a otra estrella en otro sistema; es decir, persiguiendo el propósito vital de otra persona, y no el propio.

Si no definimos nuestro Sol, nuestro propósito vital, lo más probable es que vivamos sin rumbo o bien que acabemos gravitando en torno al Sol de otra persona.

El sistema solar tiene planetas a su alrededor, y a su vez estos tienen otras formaciones, los satélites. Los planetas son los proyectos que gravitan en torno a ese Sol central, y los satélites son subproyectos relacionados.

Me parece una imagen muy efectiva para alinear nuestra vida y muy útil para decidir qué entra en ese sistema solar y qué no. Ese proyecto que te están planteando, ¿realmente puede seguir la órbita del Sol, o es algo completamente extraño a tus ideales y valores, a tus dones y talentos?

Como dice Nathaniel Branden en Los seis pilares de la autoestima, “Vivir sin propósito es vivir a merced del azar –del acontecimiento fortuito, de la llamada telefónica fortuita, del encuentro casual– porque no tenemos una norma mediante la cual juzgar lo que vale la pena y no vale la pena hacer”.


*La necesidad económica es un factor que no podemos pasar por alto: hay una parte que es responsabilidad del individuo y otra que tiene que ver con lo social y lo sistémico, y esta última parte está muy arraigada en nuestra sociedad. En este artículo no puedo entrar en las causas sociales de que nos veamos obligados a aceptar trabajos que no responden a nuestros dones y talentos, ni tampoco me considero la persona más indicada para hablar de ello. Yo trabajo con personas individualmente y no soy socióloga ni antropóloga. En la bibliografía recomiendo algunas fuentes para seguir investigando desde esta perspectiva.

En mi caso, he trabajado duro para poder dedicarme a mi sueño, pero reconozco que hay otras personas que han trabajado igual de duro que yo o más y no han podido. La suerte interviene de una manera extraordinaria y tengo mucho que agradecer por poder estar donde estoy ahora, haciendo lo que me gusta y ayudando a las personas a conocerse mejor.

El propósito vital y el trabajo

El trabajo es aquello a lo que dedicamos la mayor parte de nuestro tiempo activo. Por tanto, lo ideal sería que pudiéramos dedicar ese tiempo a algo relacionado con nuestro propósito vital, a uno o varios proyectos que representen nuestros valores y el impacto que queremos tener en el mundo.

Esto no es así para muchas personas. Uno de los motivos es que desconocemos nuestros valores y nunca nos hemos planteado seguir un propósito, pero otro con mucho peso también es el aspecto social y sistémico del trabajo y el dinero, la manera en que funciona nuestra sociedad. No es mi objetivo entrar en este aspecto, pero sí señalar que no podemos simplemente desear riquezas para hacernos ricos, ni imaginar el trabajo de nuestros sueños para conseguirlo. Hay más factores en juego, y muchos no están directamente en nuestras manos.

Dicho esto, cuando empezamos a pensar en nuestro propósito y sobre todo en los valores que consideramos importantes en nuestra vida, podemos empezar a sentir la llamada de servir a esos valores, y por consiguiente el rechazo a seguir empleando nuestro tiempo en aquello que no responde a esos valores o que incluso los perjudica.

En ese momento, puede que empecemos a plantearnos si es posible dedicarnos a algo relacionado con nuestros dones y talentos y que aporte algo significativo al mundo. Empezaremos a considerar el trabajo no solo en relación al dinero o el estatus social sino también (y en primer lugar) como una manera de autorrealizarnos y ofrecer un servicio valioso al mundo.

¿Y si mi propósito no da dinero?

Debido al sistema en el que vivimos, es posible que nuestros dones y talentos no encuentren un nicho fácil y lucrativo, o puede que aquello que queremos ofrecer esté pensado para personas que no pueden pagarlo (en situación de exclusión social, con menos recursos económicos, etc.) o que tenga que ver con causas sociales y ecológicas que generalmente no se pueden mercantilizar (reforestar, limpiar ríos, proteger a especies en peligro de extinción…). Por tanto, tendremos que encontrar otras maneras de vivir (vivir con menos dinero, recaudar fondos, obtener el dinero de otras fuentes, etc.).

Hoy en día lo que la sociedad valora a nivel económico, por desgracia, a menudo no es lo que la humanidad y la Tierra más necesitan (restauración y protección de ecosistemas, cuidado de las personas, educación consciente de los niños, etc.). Esto implica que ciertos propósitos vitales sean más difíciles de llevar a cabo que otros, pero no lo hace imposible; solo tendremos que ser más creativos y abiertos a otras formas de vida.

Estamos en una época de transición en la que más y más personas se están dando cuenta de que el consumo de bienes y servicios no es lo que da la felicidad, y por tanto quieren invertir su dinero en proyectos que realmente tienen un objetivo de mejora social y ecológica. A nivel gubernamental, cada día hay más proyectos orientados al cuidado de la Tierra y de las personas, pero todavía estamos muy lejos de valorar más económicamente la preservación de un hábitat que su destrucción, la prevención de la salud física y mental que el provecho obtenido por mantener una sociedad enferma, y un largo etcétera.

Pero estamos dando importantes pasos en esa dirección, y cada persona que decida dedicar sus dones y talentos a estas causas, cuenta; y cada persona, organización o colectivo que las apoye con su energía, su tiempo o su dinero, cuenta, y mucho. Seamos el cambio que queremos ver en el mundo.

Autoestima y propósito vital

La autoestima es nuestra capacidad de amarnos a nosotros mismos y de vernos con claridad, con nuestras virtudes y defectos, capacidades y limitaciones. Cuando tenemos una autoestima sana no necesitamos que el mundo exterior nos valide, confirmándonos nuestra importancia con dinero, posesiones, alabanzas, estatus… La autoestima también nos hace más capaces de recibir críticas y sopesarlas con honestidad, nos hace humildes y nos libera de las comparaciones: no estamos ni por encima ni por debajo de nadie, somos iguales a los demás y tenemos los mismos derechos y necesidades.

La autoestima está muy ligada al propósito vital. No solo nos ayuda a desarrollarlo, sino que tener un propósito vital claro fortalece también nuestra autoestima. Saber que estamos ayudando a los demás, de una u otra manera, refuerza nuestro sentimiento de validez y amor propio.

Una autoestima pobre hace que perdamos de vista nuestro propósito y nos enredemos en darle vueltas a lo que piensan los demás, a nuestra apariencia, a los errores que hemos cometido, las oportunidades que hemos dejado pasar, etc., en lugar de dedicar nuestra energía a causas más importantes.

Una autoestima pobre también puede hacernos creer que no somos válidos o no tenemos nada que aportar al mundo, que nuestros dones no son tan importantes o que no tenemos dones en absoluto, lo cual en ningún caso es cierto. Si tenemos alguna de estas creencias, quizá nos puede ayudar pedir la opinión de los demás, sobre todo de aquellas personas que nos quieren y a quienes valoramos especialmente por su honestidad.

Un reciente estudio sobre sentido de la vida, la autoestima y ansiedad frente a la muerte nos plantea que el propósito cumple cuatro funciones, aportándonos objetivos vitales, valores y normas para la autoevaluación del comportamiento, sensación de control sobre los acontecimientos de la vida y sentimientos de autoestima. (Zhang Jiaxi et al, “Relationship between meaning in life and death anxiety in the elderly: self-esteem as a mediator”, BMC Geriatrics, 2019, 19:308)

De modo que en el trabajo con la mejora de la autoestima el propósito vital juega un papel importante. No es necesario esperar a querernos más para empezar a ofrecer nuestros dones y talentos al mundo: quizá a través de descubrir estos dones y talentos podamos valorarnos con ecuanimidad y desarrollar más autoestima.

Comparte tus ideas y pide la opinión de los demás

“No es extraño que necesitemos que otras personas nos ayuden a reconocer nuestros verdaderos talentos. Con frecuencia ayudamos a los demás a descubrir los suyos”. (Ken Robinson)

Hemos venido a este mundo con muchas otras personas, cada una de ellas con unas capacidades y unas limitaciones, y al igual que ellas tenemos nuestras propias capacidades y limitaciones.

Si soltamos el perfeccionismo y el individualismo por un momento, nos daremos cuenta de que no tenemos por qué hacerlo todo solos y veremos que, de hecho, los proyectos más potentes e innovadores no son el fruto de una sola cabeza pensante, y que incluso los artistas y genios solitarios cabalgan “a hombros de gigantes”: toda la tradición científica y artística anterior, con sus investigaciones, escritos y obras, les ha permitido llegar más lejos.

Por tanto, ¿por qué íbamos a emprender este camino solos? Una importantísima parte de esta revisión es poner oídos a lo que nos puedan aportar los demás, tanto en forma de ideas como de reflexiones. Los demás pueden ser nuestro espejo para que podamos vernos con más nitidez, nos pueden ayudar a definir mejor nuestro propósito y darnos alas (o ponernos los pies en la tierra, si necesitamos ser realistas).

Todo esto atemperado siempre por el autoconocimiento. La opinión de los demás es su opinión, fruto de sus circunstancias y de su visión de la vida, y es importante tener en cuenta que todas las opiniones son subjetivas, incluida la nuestra. La revisión de nuestro propósito requiere que revisemos también lo que los demás nos dicen y tomarlo como una invitación para observarnos desde otra perspectiva.

Te invito a que las preguntas que te he propuesto anteriormente las compartas con las personas que mejor te conocen. Plantéales esas mismas preguntas a ellos y anota sus respuestas; descubrirás una nueva visión de ti mismo, en muchas ocasiones sorprendente, que te ayudará enormemente a definir tu propósito.

Para seguir investigando

Las siguientes recomendaciones son para profundizar en el tema del propósito vital.

Las tres primeras, el curso de Charles Eisenstein, el libro de Ken Robinson y la charla-seminario de Roberto Pérez, lo abordan desde el individuo, y las recomiendo sobre todo para el crecimiento personal.

Los libros de Graeber, Eisenstein y Illich son para empezar a comprender el aspecto social del trabajo y el dinero, algo que está muy entroncado con el propósito vital (aunque no tiene por qué en el caso de algunas personas). Si tienes curiosidad sobre la dimensión social y sistémica, estos libros pueden serte interesantes.

  • El curso Living in the gift de Charles Eisenstein (solo en inglés).
  • El Elemento: descubrir tu pasión lo cambia todo, de Ken Robinson.
  • Charla de Roberto Pérez: Ideal y misión de vida.
  • Trabajos de mierda, una teoría, libro de David Graeber.
  • Sacroeconomía: dinero, obsequio y sociedad en la era de transición, libro de Charles Eisenstein.
  • Libros de Iván Illich, especialmente El derecho al desempleo útil y El trabajo fantasma.

Conclusión

Hablar del propósito vital es entrar en lo más íntimo de la persona, aquello que hace que se levante cada día por la mañana, y por eso cualquier cosa que escriba se quedará corta o será demasiado generalista. Sin embargo, espero que algunas de las claves que he compartido contigo hayan podido servirte para plantearte el propósito desde una nueva luz.

Si desconoces aún tu propósito, habrás visto que es algo fluido, maleable y que depende en última instancia de ti. No pasa nada si no puedes concretarlo; de hecho, es normal que no puedas hacerlo. Para mí, el propósito tiene que ver más con una intención que con un objeto concreto. Dicho de otra forma, tu propósito puede manifestarse en el mundo material de muchas maneras, pero el sentimiento que lo anima es el mismo.

Espero que las preguntas que te planteo te hayan hecho reflexionar y te invito a que les dediques un tiempo a cada una, que las respondas hoy y las vuelvas a responder a las semanas o meses, o cuando sientas que necesites volver a alinearte. Las respuestas no serán siempre las mismas, y eso es bueno: la vida es movimiento y cambio y el propósito final, aquel para el que hemos venido al mundo, solo lo podremos saber el último día de nuestras vidas.

Así que por ahora… ¡disfruta! Experimenta, juega, esfuérzate, revísate con frecuencia, paciencia y mucho amor. Solo así te encontrarás siempre alineado con tu propósito y podrás llevar una vida íntegra y coherente.

Recuerda que has venido al mundo con unas potencialidades únicas para que las desarrolles y te conviertas en la mejor versión de ti mismo, y pongas lo que te hace único al servicio de los demás, de la manera que solo tú conoces.

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