Cremosa de coliflor a la trufa

In Recetasby Aroa FernándezLeave a Comment

A mí ya comienzan a apetecerme platos más calentitos, ¿y a vosotros? Esta receta no es un plato caliente de cuchara, pero es templadito, que para esta estación en la que estamos es ideal. Es sencillo de elaborar, con pocos ingredientes y el sabor es bastante sorprendente. El sabor de la coliflor se hace muy suave, casi como un puré de patatas, pero con más propiedades.

Cremosa de coliflor a la trufa
Ingredientes:
Una rodaja de calabaza
½ coliflor
5 ajos pelados
Aceite de trufa
Aceite de oliva
½ cucharadita de pimienta blanca
Sal

Elaboración:
Ponemos la coliflor al vapor hasta que se haga blandita.
Cortamos los ajos en dos y los pochamos en aceite de oliva a fuego lento. Reservamos.
Con una mandolina o un cuchillo muy afilado cortamos una o dos rodajas de calabaza muy finitas y las pasamos por la plancha hasta que se doren. Una vez doradas los ponemos en un plato hondo como base.
En un vaso de batidora ponemos la coliflor, los ajos y la pimienta blanca y vamos poco a poco añadiendo aceite de oliva hasta que emulsione y tengamos una crema untosa pero solida. Ponemos un par de cucharadas de esta crema encima de la calabaza.
Decoramos con un hilo de aceite de trufa y trufa rallada si disponemos de ella y ya tenemos preparado este plato que es una delicia por la simpleza y por su sabor.

Nutrición orgánica:

La coliflor es antinflamatoria, contiene antioxidantes (esenciales en la destrucción de los radicales libres que aceleran los signos del envejecimiento), es muy diurética, favorece la eliminación de líquidos y, por tanto, muy beneficiosa en casos de hipertensión. También ayuda a depurar el organismo y como pertenece a la familia de las coles es anticancerígena.

Nutrición emocional:

El Metal se equilibra con alimentos de energía concentrada propia del otoño (raíces) y alimentos de energía neutra y templada, insistiendo en los vegetales de color blanco como la coliflor; así como también ajo, cebolla, nabo, jengibre, pera… El elemento Metal, equilibrado, proporciona fuerza, voluntad, capacidad de reflexión e imaginación; en desequilibrio puede generar tristeza y melancolía y una disminución del instinto de supervivencia.

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