Un día no me quedará más remedio que morirme

By : | 0 Comments | On : marzo 12, 2018 | Category : Blog

morir

Un día no me quedará más remedio que morirme. Nadie puede hacer eso por mí. Llegará el día y tendré que tener a bien marcharme, porque así es como se hacen aquí las cosas.

Me haré el petate con los recuerdos guardados y diré “a-Dios” con la manita. Saludaré cuando me vaya como los grandes artistas, cerrando la puerta al salir. Como banda sonora de lo que ha sido mi vida escucharé a Sam Cooke y a Billi Holiday. Brindaré por una existencia en la que ni cuando las cosas se pusieron difíciles tiré la toalla. Cada señal de mi cara será una sonrisa que perduró en el tiempo y se hizo eterna.

No me quedará otra que salir de escena arrugando el hocico y recordando a Machado cuando decía: “He andado muchos caminos, he abierto muchas veredas; he navegado en cien mares y atracado en cien riberas…”

Se me ocurre que cuando intuya que voy a quitarme el traje que se me ha quedado chiquito y arrugado, echaré un último capote y le daré voz a la vida, porque a veces la tratamos de injusta y la tildamos de brusca, cuando ella sólo se deja pasar.

Podría decirle a todo aquel que quiera quedarse, que hay rincones donde uno puede esconderse cuando la cosa se le está dando regular. Que en las noches de sollozos siempre hay un hombro en el que emborronarse y alguien con quien emborracharse, que a veces las neuronas necesitan un buen sofá y una copa de vino.

Podría decirle que hay vida detrás de la vida cuando ves el amanecer reflejado en el mar y el infinito detrás, inacabable, inalterable, incorruptible. Que siempre hubo un lugar donde volver cuando te perdiste. Que el mundo es pura magia cuando oyes un concierto de violín o cuando te paras a mirar una pintura que se resiste al tiempo. Cuando sientes la brisa en uno de esos días donde aprieta el calor y te sientes tremendamente en paz.

Podría decir, quizá, que hubo gentes que salvaron mi vida con abrazos y mimos, con presencia, sin una sola palabra. Personas que me tocaron con su gracia y que ya no me consintieron volver a ser la misma.

Leí cientos de almas a través de sus poemas y acompañé con mis lágrimas películas que bien podrían haber sido mías.

Podría escribir que en el amor de vez en cuando te pierdes, pero que todos los amores te recuerdan quien eres y lo que eres capaz de hacer. Que vale la pena que te arrase y te escueza por dentro para que te abras y aprendas a crecer.

Que te tires al agua aunque esté tan fría que te corte la respiración, que sientas COÑO, que la vida trata de eso, de sentir, de expresarse, de derramarse en otros como si fueses una catarata.

Le diré al que tenga las orejas en forma que no hay mejor inversión que sentirse de viaje, porque esos son activos seguros que se te incrustan en el alma y te dan beneficios toda la vida.
Que saltes del sillón ¡por amor de Dios!, que corras a tomar un café con alguien que te importe y veas la vida recorrer otros cuerpos.

Que hagas el amor como si fuese la primera y la última vez, feroz pero con delicadeza, poniendo el corazón en cada piel que habites, aunque sea fugaz.

Enamórate de tus amigos, estréchalos en tus brazos y llénalos de besos, porque lo que no entregas, hazme caso, se te acaba pudriendo dentro. Y no querrás, además de tener que morirte, estar podrido con tanta antelación.
Sé una persona que florece cuando despierta, alguien que no lo sabe todo y no le importa. Sé alguien que pisa descalzo, que sube a una cima aunque se quede sin aire. Sé alguien que gasta su dinero en hacerse feliz.
Grita de emoción, ¡no te cortes!, la alegría se hizo para ser compartida. Molesta con tu risa si es necesario. Siéntete verdaderamente vivo varias veces al día al menos.

Quédate a pecho descubierto amando a alguien sin tregua para caer rendido si el camino se acaba, porque cuando la muerte venga a buscarte, amigo, te encontrará dispuesto, que ya viviste. Y mirarás de frente con el pecho henchido, pues ganaste la partida.

Así que es cierto que no tengo más remedio que morirme un día, pero mientras ese día llega estoy dispuesta a poner todo mi empeño en estar realmente viva, porque contra la muerte no puedo hacer nada pero si puedo ponerme a favor de mi vida.

Aroa Fernández Ferrer-Texto original

Foto- Sara Feijó

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